Mantenimiento básico del calefón
El calefón es uno de los electrodomésticos más importantes del hogar argentino. Salvo que tengas un termotanque eléctrico o una caldera central, lo más probable es que en tu casa haya un calefón a gas funcionando todos los días para que puedas bañarte con agua caliente. Y como todo equipo que funciona con gas, requiere un mantenimiento periódico para funcionar de manera segura y eficiente.
Mucha gente cree que el calefón no necesita mantenimiento hasta que se rompe, pero eso es un error que puede salir caro. Un calefón sucio o mal regulado no solo gasta más gas, sino que también puede producir monóxido de carbono, un gas letal que no tiene olor ni color. En la Argentina, cientos de intoxicaciones por año podrían evitarse con un mantenimiento básico y una ventilación adecuada.
En esta guía te vamos a contar todo lo que necesitás saber para mantener tu calefón en buen estado. No hace falta ser gasista matriculado para hacer las tareas básicas de limpieza y revisión, pero sí es importante saber hasta dónde llegar y cuándo llamar a un profesional.
Cada cuánto hay que hacerle mantenimiento al calefón
Lo ideal es darle una limpieza general al calefón al menos una vez por año. El mejor momento es antes de que llegue el invierno, porque es cuando más se usa y cuando más va a sufrir el equipo. Si vivís en una zona con mucho polvo o si el calefón está en un lugar medio descubierto, conviene hacerlo cada seis meses.
Además de la limpieza anual, hay cosas que tendrías que revisar cada dos o tres meses: el color de la llama, si hay olor a gas cuando está funcionando, y si el encendido anda bien. Si ves algo raro, no esperes a la fecha de mantenimiento, revisalo antes.
Herramientas que vas a necesitar
Para hacer un mantenimiento básico del calefón no necesitás un taller mecánico, pero sí algunas cosas básicas:
- Destornillador philips y plano
- Llave francesa o llave inglesa
- Cepillo de cerdas metálicas (tipo cepillo de alambre)
- Cepillo de dientes viejo o cepillo chico para limpiar piezas delicadas
- Aspiradora con boquilla fina
- Guantes de trabajo
- Trapo o paño que no deje pelusa
- Agua y detergente suave
- Una lata de aire comprimido (opcional, para llegar a lugares difíciles)
Medidas de seguridad antes de empezar
Antes de meterle mano al calefón hay que tomar algunas precauciones. Esto no es joda: el gas es peligroso y un error te puede costar muy caro.
Primero, cerrá la llave de paso del gas. No alcanza con poner el calefón en "off", hay que cortar el gas desde la llave. Después, desconectá el calefón de la corriente eléctrica si tiene encendido eléctrico. Esperá unos minutos a que se ventile cualquier resto de gas que haya quedado en la zona.
Trabajá siempre en un ambiente bien ventilado. Si en algún momento sentís olor a gas, no accionés ningún interruptor ni enchufes nada. Salí del ambiente, ventilá bien y llamá a un gasista matriculado.
Limpieza de los quemadores paso a paso
Los quemadores son el corazón del calefón. Si están sucios, la combustión no es eficiente y se puede generar hollín o monóxido.
Para limpiarlos, primero sacá la tapa del calefón. Por lo general viene con dos o cuatro tornillos, nada complicado. Una vez abierto, vas a ver los quemadores: son unas piezas metálicas con varios orificios por donde sale el gas.
Con el cepillo de alambre, pasale suavemente por toda la superficie para sacar la suciedad gruesa. Prestá especial atención a los orificios, porque ahí se suele acumular tierra que tapa la salida del gas. Si algún orificio está muy tapado, podés destaparlo con un alambre finito o con aire comprimido.
Después, con el cepillo de dientes y un poco de detergente, limpiá bien toda la superficie. No uses productos abrasivos ni solventes fuertes porque pueden dañar el material. Enjuagá con un trapo húmedo y secá bien antes de volver a armar.
Revisión del inyector
El inyector es esa pieza chiquita por donde pasa el gas antes de llegar al quemador. Si está sucio o tapado, el calefón no va a funcionar bien, la llama va a ser débil y el agua no se va a calentar como corresponde.
Para revisarlo, tenés que desarmar el conducto que lleva el gas al quemador. Una vez que lo tengas a la vista, fijate si tiene tierra o telarañas. Con un aire comprimido o un alambre muy fino, limpiá con cuidado. No uses elementos que puedan rayar o agrandar el orificio, porque eso modifica la cantidad de gas que pasa y altera todo el funcionamiento.
Limpieza del pilotín y el termopar
El pilotín es la llama chiquita que siempre está encendida en los calefones más viejos. En los modelos modernos con encendido electrónico no hay pilotín, pero si tenés un calefón de los de antes, seguramente tiene.
El pilotín se tapa con facilidad porque el orificio es muy chico. Si está sucio, la llama se ve débil o amarilla, y puede hacer que el termopar no detecte la llama y corte el paso del gas. Para limpiarlo, usá un cepillo chico o aire comprimido.
El termopar es un sensor de seguridad: si la llama del pilotín se apaga, el termopar se enfría y corta el gas automáticamente. Si el termopar está sucio o en mal estado, puede cortar el gas aunque la llama esté bien. Limpiá la punta del termopar con una lija fina o un estropajo suave para sacar la oxidación.
Cómo revisar la llama del calefón
El color de la llama te dice mucho sobre el estado del calefón. Una llama correcta tiene que ser azul, con un cono interno bien definido. Si la llama es amarilla, naranja o titila, algo está mal.
Las causas más comunes de una llama amarilla son:
- Quemadores sucios
- Poco tiro en la ventilación
- Exceso de gas (mala regulación)
- Aire insuficiente en la mezcla
Si después de limpiar los quemadores la llama sigue siendo amarilla, llamá a un gasista. Puede ser que haya que regular la entrada de aire o que el inyector no sea el correcto para el tipo de gas que estás usando.
Revisión de la ventilación
El calefón necesita oxígeno para funcionar. Si el ambiente donde está instalado no tiene ventilación, el equipo consume el oxígeno del lugar y empieza a producir monóxido de carbono.
Verificá que las rejillas de ventilación no estén tapadas. A veces sin querer las tapamos con muebles, cortinas o bolsas. También revisá que el tiro al exterior esté despejado: si vivís en un departamento, fijate que no haya nidos de pájaros o suciedad en la salida del conducto.
Cuándo llamar al gasista
Hay cosas que podés hacer vos mismo y cosas que no. Si después de la limpieza el calefón sigue funcionando mal, si escuchás ruidos raros, si la llama no se normaliza o si hay olor a gas persistente, llamá a un gasista matriculado. No intentes arreglar cosas que no entendés, sobre todo si tienen que ver con la regulación del gas o con partes internas del circuito de gas.
En Argentina, los gasistas matriculados están registrados y habilitados para hacer este tipo de trabajos. Pedí siempre la matrícula y no aceptes a cualquiera que se ofrezca a hacer arreglos por menos plata.
Mantenimiento preventivo entre limpiezas
Además de la limpieza anual, hay cosas que podés hacer para alargar la vida del calefón:
- No forcés la perilla de temperatura: si la ponés al máximo todo el tiempo, el calefón trabaja al límite y se desgasta más rápido.
- Si te vas de viaje por varios días, cerrá la llave de paso del gas.
- Prestale atención a los ruidos: si el calefón hace un ruido como de explosión al encender (lo llaman "detonación"), necesita mantenimiento urgente.
- Si el calefón está en un lugar exterior o semicubierto, fijate de vez en cuando que no le hayan entrado bichos o tierra.
Conclusión
El mantenimiento del calefón no es complicado, pero requiere constancia y atención. Con una hora por año y las herramientas básicas, podés asegurarte de que tu calefón funcione bien, gaste menos gas y no ponga en riesgo a tu familia. Y ante la menor duda, no te la juegues: llamá a un gasista matriculado. La seguridad no se negocia.
Recordá que un calefón bien mantenido no solo te da agua caliente cuando la necesitás, sino que también te da tranquilidad. No dejes pasar la fecha del mantenimiento anual y enseñale a tu familia a reconocer las señales de alerta para que todos estén atentos.